Aspectos que contemplar

Viernes, 26 Septiembre   

Como primer premisa encontramos, y así ya lo hemos comentado, dentro del orden ontológico (del ser) y ante una incuestionable realidad, es que hay progresión geométrica alarmante en el número de causas por resolver, que van aumentando de manera progresiva, conjuntamente ante una idiosincrasia no propicia para esas fórmulas conciliatorias, sino más bien reacias y hasta adversas, donde inciden diversas causas para provocar tales efectos, como podría ser la cultura de que el litigio debe resolverse siempre a través del proceso (litigiocidad); la resistencia en muchos casos del profesionista del derecho para solucionarlo por esas vías, donde incluso propicia diferencias o desavenencias aún más hondas y profundas que separan radicalmente a las partes en conflicto; los diversos tecnicismos que abundan dentro del proceso que hacen valer los contendientes para alargarlo y así obtener todo el tiempo necesario para diferirlo antes que cumplir con sus respectivas obligaciones, porque esto es lo único que lamentablemente les interesa, sin preocuparse por solucionarlo en el fondo; cuántas veces influyen también la soberbia, egoísmo, orgullo de los sujetos en conflicto, o su mala fe y predisposición de convertirlo en un campo de gladiadores en luchas desgastantes, en que al final no hay ni ganador ni perdedor porque todos sufrieron sus consecuencias; en fin, en este ángulo del ser existen diversas causas eficientes que provocan la crítica destructiva para impedir el establecimiento o cumplimiento de tales instrumentos alternos en comento, donde hay que tener cambio de mentalidad comprendiendo que ese enfrentamiento interpartes crea malos entendidos, relaciones tensas, a lo mejor por una escasa visión del problema, o por una pretensión de superioridad, de jactancia, en la que hay que superar la fase adversarial a lo coperativo, a efecto de lograr una mutua colaboración de los sujetos en conflicto para su superación, entendimiento interpersonal definitivo. Por eso hay que contemplar los aspectos de un problema complejo que divide a dos o más personas que se reúnen, no para obtener cada una su propia victoria, sino para solucionar, concordes, la cuestión planteada. E igualmente, tomando muy en cuenta la siguiente situación: que lo normal en nuestro mundo cotidiano es que el derecho se cumple, en la mayoría de los casos, espontáneamente, sin necesidad de acudir a la maquinaria judicial, y que sostener lo contrario, sería simplemente caótico. Y que esa cultura litigiosa es conveniente encauzarla o sublimarla hacia soluciones de pacificación.

Como segunda premisa en este nuestro silogismo, encontrarnos ya dentro del campo deontológico (del deber ser) todo el apoyo teórico-doctrinario para establecer convenientemente los instrumentos o medios jurídicos alternos en estudio, con un amplio respaldo, que es precisamente el objetivo de las presentes inquietudes vertidas en este trabajo.

Por último, las conclusiones las abordaremos en su parte final, como posibles soluciones de justicia a los conflictos planteados por los contendientes.