Los Medios Alternativos para Solucionar los Litigios
Viernes, 22 Agosto 
A medida que la vida va trascurriendo a finales ya de este siglo, se han ido complicando de manera acelerada las diversas y diferentes fórmulas que habían venido asegurando de una manera o de otra la convivencia humana, alterando así la estabilidad obtenida, gracias a las experiencias de nuestras generaciones anteriores, que legaban los modos necesarios para la obtención de un orden establecido a través de organizaciones y estructuras que han dado resultados positivos durante tanto tiempo, madurando así sus diversas administraciones, para que el Estado cumpla cabalmente con su función teleológica como lo es el bien común.
Ahora bien, en el tiempo y en el espacio, nunca se ha visto que un grupo humano cuente con el básico cimiento de una administración pública adecuada, que cumpla sus exigencias para suministrar lo necesario a efecto de satisfacer sus necesidades de orden colectivo, que es su propia finalidad; así tampoco se ha encontrado algún pueblo que carezca de sistema jurídico, por elemental que sea, aun cuando aparezca ante nuestros modernos conocimientos como algo rudimentario, pues debe dar respuesta a las más reducidas nociones de los principios esenciales de la naturaleza humana, que es donde tiene que ir a buscar y encontrar las respuestas, a efecto de estructurar los elementos o prolegómenos del derecho, fincados en la verdad, en el bien, en la justicia, en la libertad.
Así tenemos que cualquiera de esos sistemas, que encauza y dirige la ciencia jurídica para constituirse en un auténtico orden legal, tendrá que responder a los mencionados supremos valores de una manera debidamente adminiculada, pues no bastará que se enfatice alguno de ellos con menoscabo de los otros, y peor aún, si se olvida o ignora cualquiera de ellos, pues de qué podría servir la propia justicia si no está fincada en la verdad o si no persigue el bien, o más aún, si en ellos no se preocupa por asegurar y garantizar la libertad de la persona, entendida esta última como una sustancia individual de carácter racional, que debe ser protegida a la luz del derecho.
El hombre, gracias a sus facultades anímicas, está dotado para el conocimiento y el amor, al contar con inteligencia y voluntad; a través de la primera puede encontrar lo que es la verdad, y por medio de su función volitiva, obtener el bien, con plena conciencia para discernir lo que es bueno y lo que es malo, a efecto del cumplimiento de su último fin trascendental -recordemos que todo ser debe satisfacer su finalidad de acuerdo con la misma naturaleza con que fue dotado y para lo cual fue creado-, y para eso tiene capacidad de elegir entre varios o diversos propósitos, decidir entre uno u otro el que mejor le convenga a su esencia misma, hecho lo cual obtiene un compromiso por tal decisión que le acarrea una responsabilidad, o sea, tendrá que dar respuesta por el acto que cristalizó esa conducta humana, lo que es en sí la libertad, entendida como el don que tiene el hombre para elegir y decidir con compromiso y responsabilidad; para autodirigir (autorrealizarse) en forma espontánea sus actos hacia aquello que es su propio fin, por ser espíritu corporativizado, alma que se expresa en el cuerpo informado por un espíritu inmortal con principio de trascendencia. Nunca captada tal libertad como algo mera o puramente (lisamente) mecánico, con ausencia de trabas, como idea de poder hacer lo que se quiera, pues esto choca con la más elemental lógica, sería algo irracional el autorizarla como patente de corso, para hacer lo que le plazca.
Asentado lo anterior, indicaremos que dentro de ese sistema de derecho se requiere se satisfagan de manera equilibrada y armoniosa los mencionados valores. Sin embargo, como mencionábamos al inicio de este trabajo, ante el reto acelerado de nuestra actual convivencia, no se cumple satisfactoriamente por un sinúmero de factores que debemos tomar en cuenta, como lo son entre otros: la mala distribución de la riqueza, el secularismo que padecemos, la inmoderada concentración demográfica en algunos de los puntos de nuestro país que han generado metrópolis con graves problemas sociales, aglomeraciones masivas, pérdida de los auténticos valores, etc., que han originado conceptuaciones de estilo de vida contrarios a los principios esenciales de la naturaleza humana.
Todo lo anterior es un reto, ya que el estudioso del derecho, el jurista, debe encontrarle respuesta adecuada por medio de mecanismos o fórmulas atinadas que satisfagan racionalmente las funciones y finalidades de ese fantástico, maravilloso mundo como lo es el derecho, y cuya teleología es el orden jurídico-social, la seguridad y la justicia.
